Atrás quedaban días, muchos días, cálidos y angustiosos.
Se iban consumiendo lánguidamente las horas y el sentimiento de alegría ante nuevas
expectativas, ante una nueva oportunidad se iba transformando en temor, en un miedo hacia lo
desconocido. Desconfianza en mi misma, cómo reaccionar, como demostrar
que se equivocan, que bajo todo siempre hay escondida una sombra que se
esconde en la esencia del ser…
No sé si fue suerte, el destino, o eso que llaman Dios, pero, el caso es que encontré luz en
ellos, esa luz natural agradable. Hacía tanto tiempo que no la sabía
advertir, que me había negado a verla, que me había sumido en la
oscuridad…
Y ahí estabas tú, personaje del mejor de los cuentos, trasladado a la
vida real, soñador, risueño, lleno de vida, tienes ese brillo en la
mirada que desprende cariño, amistad y un sentir propio del mejor de los
niños. Ahí estaba JuanMa, como en una de sus grandes películas,
inquieto, en la busca de algo más que insípidas charlas, trasladándonos a
infinitos lugares donde dejar correr su imaginación, dejando al
descubierto su presencia, ¿para qué tapujos o disfraces inútiles? No hay
nada mejor que la propia sencillez, cuando ésta es cierta. Espero que
siga viviendo grandes aventuras, dentro de esta realidad, y que dentro
de tus sueños, pesadillas y pequeñas ilusiones nunca deje de brillar el
destello de tus ojos, durante años, muchos años, durante una vida… tu
vida.
Agosto 1990
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